Episodio 2: Ansiedad y Evolución


Si me seguís en instagram sabréis que en las últimas semanas he pasado por un proceso de ansiedad muy brutote… de hecho he visto que somos varias personas a las que el verano les ha hecho despertar síntomas que parecían curados o como mínimo durmientes.

Antes que nada creo que es interesante ver la diferencia entre un proceso de ansiedad transitorio (podría incluso decirse que “natural”) frente a una situación desconocida o no agradable y la ansiedad patológica.


Por ejemplo, ir al dentista puede ser un mini-trauma para muchas personas, los días previos a un examen importante, la muerte de un ser querido, una discusión con un compañero o familiar, llegar tarde a la puerta de embarque, etc.

Es absolutamente natural y nada preocupante que se despierte el sistema nervioso simpático, que de simpático no tiene nada porque es el encargado de ponernos en situación de lucha o huída, pero bueno, sirve en un momento dado para mantenernos alerta y estar preparados para ese supuesto momento de peligro: aumenta la concentración unidireccional, acelera el corazón y por ende el oxígeno disponible en nuestros músculos, lo que nos convierte en personas más rápidas y más fuertes de manera temporal.

Todo esto está muy bien, pero el cuerpo consigue esto en detrimento de la regeneración celular y el sistema inmunológico, además nos pega un chute de cortisol del que después necesitamos deshacernos. En general la “vuelta a la normalidad” ocurre gradualmente o cuando la situación de supuesto peligro ya ha pasado.

Esto es un proceso de ansiedad natural y no patológico, nos gustará más o menos, será más o menos frecuente, pero si esto es lo que te ocurre, fear not, estás perfectamente bien de la cabeza.

Ahora bien, la ansiedad patológica no es algo para trivializar ni hacer broma, algo que no se pasa con un abrazo ni con intelectualizar la absurdez que supone estresarse sin motivo aparente.



Para considerar la ansiedad patológica (y no quiero que este post se convierta en un ensayo psicológico pero creo que es importante ponernos en situación) hay que tener en cuenta varios factores, a saber:

La reacción del sistema simpático es desproporcionada, tanto en intensidad como en la duración.



El miedo se enfoca en las consecuencias somáticas (me va a dar un ataque al corazón, se va a notar que estoy histérica, no puedo respirar) en lugar del evento en sí (dentista, examen, discusión, etc)


Puede paralizar a la persona hasta el punto de no poder responder a los estímulos externos, incluso a la larga llegar a afectar el rendimiento laboral o social.

La ansiedad se despierta sin un motivo aparente, simplemente por un pensamiento o un gatillo no reconocido (un olor, una palabra, una cara, un lugar).



La clínica dexeus en su web sobre psicología dice:

“La ansiedad se califica como patológica cuando es desproporcionada para la situación y demasiado prolongada con la consiguiente afectación del individuo, a nivel personal y social.”


Para finalizar esta disertación sobre la ansiedad patológica y no patológica, y así seguir a la parte de “evolución” de este artículo quiero darte un ejemplo personal.

Me acabo de mudar por octava vez en ocho años, okey, las mudanzas son estresantes para la mayoría de la población.

Un comportamiento natural sería necesitar controlar, preocuparte por que no te olvides nada, algún momento de cabreo, quizás una discusión con tu pareja, cansancio durante el proceso y una vez la mudanza ha terminado lo ves todo en retrospectiva y te relajas.

En mi caso, y después de habernos mudado ya, me duele todo el cuerpo, me cuesta respirar, tengo altos y bajos de tensión, en cualquier momento de relajación se me dispara el corazón y creo que me voy a desmayar. A eso añádele la “culpa” de ser un lastre en lugar de ayudar porque se me olvida todo en cuestión de minutos, disocio en situaciones sociales y me siento débil.

Para más inri, compartir este proceso por instagram, aunque sé que me sirve, me hace dudar hasta qué punto la gente me va a entender, le va a interesar o incluso me va a juzgar. No, gracias, no me sirve que me digas que es una tontería, que sirve a otras personas y bla bla bla… porque intelectualmente lo sé, pero mis emociones y mi cuerpo van por libre cuando se despierta la ansiedad.

Obvio decir que la ansiedad y la depresión van de la mano por motivos evidentes, si eso ya hablaré de la otra cara de la moneda en otro artículo.

Ahora sí, evolución.


Porque eso de “permítete ser” cuando estás sufriendo y sabes que estás perdiendo la cabeza no ayuda porque te sueltas y no hay filtro. Aceptar la realidad de mi condición es una cosa, llevar la aceptación a un nivel de abrazo amoroso pseudoespiritual es una trampa mortal.

Hay muchas técnicas que permiten gestionar la ansiedad y cultivar la calma que pueden prevenir los brotes o al menos los picos chungos. Técnicas que ayudan a mantener el control cuando ya estás en medio del ataque de pánico y herramientas que permiten que no vaya a peor.

Si lo de “permítete ser” es un arma de doble filo no te quiero contar aquello de “tú eres tu mejor maestro”.

Cuando el coco va a mil y ve peligros por todas partes, cuando el cuerpo parece no querer colaborar, cuando no eres capaz de reconocer las señales de paciencia o comprensión de nadie a tu alrededor, te aseguro que tú eres tu peor enemigo, nada más lejos de tu mejor maestro.

Está claro que a posteriori, a toro pasado, puedes ver los fallos de software pero eso te hace sentir tonta y culpable en lugar de empoderada y con determinación, con riesgo a un nuevo ataque de ansiedad o a caer progresivamente en depresión… como te decía al principio, nada superficial y poca broma.


En el episodio número uno te hablé de las técnicas que utilizo para enraizar y también que voy a terapia.


Creo que todo el mundo en mayor o menor medida se puede beneficiar de un ojo profesional externo que te dé herramientas basadas en estudios, en experimentos científicos y en el conocimiento del funcionamiento de la mente. Alguien que no te conozca, que se preocupe por ti desde la vocación profesional y que no te juzgue.

Un profesional que te permita a ti ser tú en el formato más raw que existe, que no sea familiar ni amigo, frente al que no tengas que disfrazar nada (consciente o inconscientemente), una persona que sepas que está ahí única y exclusivamente para ayudarte.

Mi evolución hoy solo puede basarse en dos premisas: paciencia y perseverancia.

Son dos conceptos que a nivel laboral siempre han estado ahí y que, para mi sorpresa, me doy cuenta de lo difícil que es a nivel emocional.


El cerebro es un ahorrador de energía nato y el ego se va a agarrar con fuerza a los patrones aprendidos porque, no nos olvidemos, no dejan de ser evolutivos y eso significa que originalmente servían un propósito. Cuando estás drenada y ni el cuerpo ni la mente tienen energía para nada hacer un esfuerzo extra para recablear el asunto no es moco de pavo.


Ahí sí que el yoga, el sol, la buena comida y el buen descanso juegan un papel imprescindible, pero como ayuda al proceso de cambio, no como terapia en sí mismos.


Cuando nos hemos sentido mal durante tantos años y seguimos hacia delante “a por nuestras metas”, “cumpliendo nuestros sueños” nos conformamos con (y nos agarramos a) ver los resultados fuera, con el pequeño chute de dopamina que suponen los pequeños triunfos y cada vez más nos alejamos de nosotros mismos porque duele… fuera está mucho mejor que dentro, pues fuera nos quedamos.

Te olvidas de vivir y te arrastras construyendo fuera lo que hace mucho descuidaste dentro.

Y un día te despiertas sin poder respirar o moverte, no quieres hablar con nadie, hacer nada, te entierras en trabajo y proyectos, tu lenguaje se vuelve irónico y te machacas a ejercicio y dieta saludable.

Esto es señores la ansiedad patológica, una compañera de camino a la que, algún día y con ayuda profesional, pienso dar carpetazo.

Antes de terminar quiero agradecer a todas las personas que me han escrito por privado dándome su apoyo, a algunas de ellas quiero decirles que los conceptos pseudoespirituales, pseudopsicológicos y de nueva era pueden sonar bonitos y lógicos pero no sirven de nada a la larga, gracias igualmente, sé que la intención es buena, aun así las quotes pinterest y las reflexiones metafísicas muchas veces son incluso contraproducentes.

Y a las que como yo padecen de ansiedad patológica, mi más sincero apoyo y ánimo.

Volviendo al inicio del episodio de hoy, si tus procesos están relacionados con situaciones concretas y son proporcionales al momento en sí, no te preocupes, todo es normal. Permítete relajarte cuando el peligro ha desaparecido, quiérete, duerme bien, come sano y échate unas risas, pero si estás en una situación como la mía, te animo con fuerza a que a este cocktail de autocuidado le añadas el componente de la terapia porque solas, nos guste o no aceptarlo, no podemos.

2 comentarios:

  1. Hola Lou! Aquí te leo y me veo reflejada. ..tantos años "luchando" los síntomas, hasta que por fin pude empezar a ver la luz, a comprender me y no juzgarme, a aceptar que es mi válvula y mi alarma. Ahora la detecto antes de empezar a tener los sintomas y lo "manejo ". Sé que es a lo con lo cual viviré siempre, pero no le tengo más miedo .
    Te mandó un besote y un abrazote bonita. Te estimo muchísimo.
    Feliz vida 😊

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  2. Hola Milva, gracias por pasarte por el blog. Es todo un arte conseguir ver como el tema se está desequilibrando. Mantenernos conectadas y despiertas es el mejor regalo que nos podemos hacer ¿no te parece?
    Un beso enorme,
    Lou ♥

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