LOU PEREZ

Hola, soy Lou.

He pasado los últimos 10 años de mi vida guiando a personas con ansias de crecimiento a desarrollarse y sentirse fuertes cultivando en sus vidas una base de enraizamiento a través de los fundamentos de la salud holística.

Rutinas de productividad, hábitos saludables, alimentación consciente, yoga y meditación son la tela de araña que tejo con mis alumnos. Cuando un hilo se toca, el resto reacciona y se reajusta… para bien y para mal.

  • Mi objetivo es que puedas vivir plenamente y lograr más sin perderte, quemarte ni desatender lo importante. 
  • Mi misión es compartir, desde el estudio y la experiencia, herramientas, sistemas y consejos para una vida saludable. 
  • Mi foco principal es la gestión de la ansiedad y el reencuentro con el equilibrio interior a través de técnicas prácticas de salud y autocuidado. 

Cuando nos rodeamos de las personas adecuadas y nos concentramos en crear un entorno que apoye este enraizamiento y la alineación con nuestras necesidades, objetivos y valores, somos capaces de reavivar nuestra energía y optimizar radicalmente nuestro tiempo.

Es posible acercarnos cada día más a  la mejor versión de nosotros mismos, sin estrés ni presión, con la certeza de que estás acompañada por los mejores.

Soy bailarina profesional, maestra, terapeuta y nutricionista. Soy catalana pero vivo en Suecia y ahora mismo, a mis casi 40, vivo en un colegio mayor con mi chico.

Pero claro, esta no es toda mi historia…



Desde pequeña en la escuela tuve problemas de adaptación, mi carácter rebelde y ruidoso me trajo problemas en casa (casi siempre estaba castigada) y en el colegio (fui blanco de bullying durante toda mi educación básica). Luego en el instituto faltaba a clase muy a menudo y dejé los estudios a los 17. Me fui de casa de mis padres con un portazo al poco tiempo.

El único momento en el que me sentía feliz y centrada era bailando.


Mi madre me apuntó a clases de danza clásica con cuatro años por aquello de “meter a la niña en algún sitio” mientras mis padres trabajaban. La danza me acompañó desde entonces como herramienta de autoescucha, agudizó mi diálogo cuerpo-mente y me permitió descubrir cómo la concentración y la confianza son de las herramientas más poderosas que existen para sentirte en equilibrio.

Aprendí que no hay nada que la música y el conectar con el cuerpo no cure, que estar frente a un espejo durante horas sin fin puede ser muy empoderador o llevarte por el camino de la corrección compulsiva, que vivir de escenario en escenario, de aeropuerto en aeropuerto y de hotel en hotel no es tan glamuroso como parece y puede desestabilizarte mucho.


Mi vida era un caos total.


La carrera está llena de obstáculos y el primero de todos es mantener la autoestima en pie cuando estás sumergida en un ambiente de constante competición, corrillos e intereses. Al final comportamientos irresponsables hacia mi mente, mi cuerpo y mis relaciones eran la norma en cada gira.

A la desesperada me puse a buscar soluciones, adquiriendo dos certificaciones en quiromasaje y nutrición, adoptando una filosofía holística y descubriendo alivio en el yoga y la profundidad de la meditación Vipassana. 

A los 30 y con ganas de comenzar una nueva vida decidí decir adiós los platós de televisión y los escenarios. Huir de todo aquello que se suponía debía hacerme feliz pero me había llevado a la ansiedad, la depresión y los comportamientos temerarios.

Cuando me retiré de la danza profesional no me di cuenta de que estaba abandonando más que una profesión, estaba abandonando aquello que me centraba, aquel “lugar” solo mío de autoescucha y confianza.

Canalicé mi rabia, mis miedos y mi sensación de pérdida de mi misma a través del trabajo. 


A los pocos meses comenzaron mis primeras sesiones con el psicólogo y me mudé lo más lejos que pude en una especie de búsqueda-huida de la mano del quien hoy es mi pareja.

Vengo de una familia de profesoras y empresarios, lo llevo en los genes. Abrí mi primera empresa a los 23, la segunda a los 27, la tercera después de retirarme, ya titulada como terapeuta y nutricionista, con un lustro de meditación a mis espaldas.

Trabajar por cuenta propia, crear y crecer era mi nuevo lifestyle, pero no me di cuenta de que toda esta ambición estaba limitando severamente mi capacidad para encontrar mi propio equilibrio. 

Durante los siguientes cinco años me estrujaría aún más física y mentalmente.


Había dejado la danza para reencontrarme pero no buscaba dentro, solo fuera, seguía teniendo la actitud del escenario: competición y aplauso.

Aunque la vida parecía ideal en el exterior, mi experiencia en el interior era diametralmente opuesta.

Me sentía agotada, desmotivada e insatisfecha. Cuanto más intentaba motivarme, más difícil se volvía la vida, más deprimida y desesperada estaba, y los factores desencadenantes empeoraban.

Cualquiera desde fuera me veía como una triunfadora, una chispa joven que estaba destinada a mover grandes montañas, pero un año después mi impaciencia e ignorancia obtendrían lo mejor de mí. La cuarta empresa me llevó a una depresión profunda. 

La autoexigencia y la necesidad de no sentirme un fracaso me cegaron al punto de no dejarme ver que nunca encontraría en éxitos profesionales lo que estaba buscando: bienestar.

Volví al yoga y la meditación que había dejado aparcados y decidí cortar con todo.

Tras casi dos años de terapia y tomando refugio budista comencé a convertirtme en la persona que soy hoy.

Sigo siendo autoexigente, sigo queriendo crecer cada día, sigo teniendo momentos de desequilibrio. Soy persona. Ahora mi acercamiento es distinto.

Después de tomar conciencia del abuso al que puedo llegar a exponerme (propio y ajeno), después de caer en depresión varias veces hasta sentir que ya nada merecía la pena, después de permitirme simplemente ser sin etiquetas, premios ni triunfos, llegué a salir del otro lado con unos conocimientos sobre la gestión emocional, la salud y el bienestar que de otro modo nunca hubiera adquirido.

A lo largo de este viaje he aprendido que es imprescindible darme espacio diariamente para mí, para mantenerme enraizada, escuchar y honrar mi cuerpo y mi mente porque son los mejores indicadores y comunicadores de mis necesidades.

A través de los fundamentos del yoga y la meditación, volví a retomar el contacto conmigo misma que un día me dio la danza, descubrí la mecánica de apoyar a un cuerpo en constante cambio que a su vez nutre la dinámica de una psique equilibrada y competente.

He tardado un par de años en reconstruir la capacidad de trabajar y cuidarme  de forma equilibrada y agradable. Cuando aparecen los factores desencadenantes, ya no "golpean con fuerza" o caigo en estados de desesperación como ocurría hasta hace pocos años.

La capacidad de ver claramente y cuestionar mis pensamientos para tener la resistencia, gestión y resistencia necesarias en situaciones difíciles parece casi mágica. Soy capaz de mucho más con mucho menos esfuerzo ni drama.

Encontrar el equilibrio diario para pasar tiempo de calidad conmigo misma  y con mis seres queridos, así como desarrollar el sistema de trabajo más productivo y satisfactorio es la prueba que valida que todos mis procesos han sido necesarios.

Mi trabajo hoy se basa en el dar, no en el conseguir. 


En crear comunidades en lugar de en erigirme líder de nadie. En recopilar todo lo que he aprendido y experimentado y ponerlo en orden para que pueda servirle a quien esté pasando por momentos de dudas, necesidad de crecimiento o simplemente se siente perdido o no se está queriendo lo que se merece.

La danza, los estudios en terapias, los profesionales de los que tengo la suerte de rodearme, los casi 20 años ya de meditación a mis espaldas, mi experiencia profesional  y una vida de huidas, caídas, levantadas, dudas, miedos y saltos me lleva hoy a ofrecerte lo que sé.
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(A día de hoy ya no ofrezco servicios de terapias, me concentro en ayudar a otros profesionales del bienestar a crear planes de comunicación y estrategias de marketing eficaces para alcanzar sus objetivos económicos y de reputación sin caer en los clichés de venta ni en el tan agotador autoempleo)